Prebióticos derivados de residuos agrícolas se perfilan como aliados de la ganadería sostenible

4 de September 2025

Los subproductos agroindustriales pueden transformarse en insumos para la alimentación animal, mejorando la salud y productividad del ganado mientras se reduce el impacto ambiental. Todo esto en un contexto en el que la ganadería enfrenta un doble desafío: responder a la creciente demanda de alimentos de origen animal y, al mismo tiempo, disminuir su huella ambiental.

En el artículo Prebiotics in animal nutrition: Harnessing agro-industrial waste for improved gut health and performance, publicado en la revista Animal Nutrition, la académica María Cristina Ravanal, de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales y del Instituto para el Desarrollo Sustentable (IDS) de la Pontificia Universidad Católica de Chile, participó en la elaboración de esta revisión en colaboración con colegas nacionales e internacionales, incluyendo investigadores de The Chinese University of Hong Kong. El trabajo resalta el potencial de los prebióticos obtenidos a partir de residuos agroindustriales como una solución sustentable.

Esta revisión aborda simultáneamente la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ambiental, al analizar el uso de prebióticos derivados de subproductos agrícolas como alternativa a los antibióticos promotores de crecimiento en la ganadería, cada vez más restringidos por sus riesgos para la salud humana y ambiental.

La Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos define a los prebióticos como “sustancias selectivamente utilizadas por la microbiota del huésped que confieren un beneficio para la salud”. Estos compuestos, presentes en fibras vegetales, cáscaras de frutas y otros subproductos agrícolas, favorecen el crecimiento de bacterias intestinales beneficiosas en animales, mejorando su salud y productividad.

Residuos que se convierten en recurso

El estudio destaca que los subproductos agrícolas y de la industria alimentaria —normalmente considerados desechos— poseen un alto contenido de carbohidratos y fibra. Esto los convierte en una carga ambiental, pero también en una oportunidad de valorización.

Un ejemplo emblemático es el bagazo de caña de azúcar: más de 500 millones de toneladas anuales que, tras hidrólisis enzimática, generan xilooligosacáridos capaces de estimular bacterias probióticas y aportar actividad antioxidante y antibacteriana.

En la industria frutícola, los prebióticos aislados de orujo de uva, arándano y arándano rojo añadidos a las dietas avícolas han incrementado la población de Lactobacillus y reducido la presencia de patógenos, reforzando su valor funcional además de nutricional.

Impacto dual de los prebióticos

Salud animal: la inclusión de prebióticos mejora la microbiota intestinal, fortalece el sistema inmunitario y optimiza la conversión alimenticia.

Medio ambiente y economía circular: transformar residuos orgánicos en aditivos de alto valor reduce los volúmenes de desecho y abre nuevas cadenas de valor.

Para la investigadora Dra. María Cristina Ravanal, este trabajo representa una apuesta personal por una ciencia aplicada, sostenible y con impacto real. Si bien los resultados son prometedores, la Dra. Ravanal advierte que aún se requiere investigación adicional para escalar los procesos industriales y comprender con mayor precisión las interacciones específicas entre cada tipo de prebiótico y la microbiota animal. Sin embargo, el mensaje es claro: mediante la innovación biotecnológica, lo que hoy representa un pasivo ambiental puede transformarse en una herramienta clave para lograr una producción ganadera más segura y sostenible.

Con este tipo de innovaciones, la producción pecuaria comienza a dar pasos hacia un modelo más eficiente y respetuoso con el medio ambiente, en sintonía con los principios de la economía circular.