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Acuerdos sociales como modelo de gobernanza participativa para la sustentabilidad 

Javier Bravo, estudiante del diplomado de "Sustentabilidad y regeneración ecosocial" del Instituto para el Desarrollo Sustentable

2025

Ensayo

Por Javier Bravo Pizarro, estudiante del diplomado “Sustentabilidad y regeneración ecosocial” del Instituto para el Desarrollo Sustentable UC

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Diversos conflictos socioambientales se han manifestado y desarrollado en el mundo. Estos son entendidos según Leff (2004), como procesos que surgen cuando existen en disputa el uso del territorio y los recursos naturales en el contexto de una crisis global causada por el modelo de desarrollo imperante. En el contexto latinoamericano estos conflictos tienen su seno en el modelo económico extractivista, que ha profundizado la desigualdad territorial y el desequilibrio del poder (CEPAL, 2020).  

Sin duda, el mayor desafío de nuestros tiempos es organizarnos y encontrar la forma de responder una pregunta que va mucho más allá de lo filosófico: ¿cómo es el mundo en el que queremos habitar y en el que queremos que habiten las futuras generaciones? Este dilema global ha dado paso a configurar diferentes modelos o corrientes que intentan dar respuesta a esta interrogante.  

En la década de 1980 el mundo contempló el nacimiento de una de las definiciones más reconocidas de la sustentabilidad, producto de un proceso de discernimiento en que líderes institucionales mundiales establecieron un acuerdo social multilateral, para definir la forma en la que darían respuestas a las complejas problemáticas de nuestro mundo. El Desarrollo Sostenible, se configuró como un marco muy vanguardista en su época para abordar los desafíos de la sustentabilidad. Este se materializó en un plan de acción mundial centrado en diecisiete objetivos orientadores para emprender acciones a diversas escalas, para construir un modelo de desarrollo centrado en el bienestar social y la protección de los ecosistemas (Organización de las Naciones Unidas, 2015). 

El mundo encontró en el diálogo un mecanismo para comenzar a destrabar los conflictos históricos y del presente. Este modelo –aunque acertado– queda limitado por la poca participación de la población en la toma de decisiones, es así, como otras formas de pensar el cómo se organiza la vida han aflorado o tomado mayor relevancia en la búsqueda de nuevas respuestas. Algunas de estas ideas serán revisadas en este documento. 

El presente ensayo sostiene que el acuerdo social como forma de gobernanza participativa para la sustentabilidad, además de ser un constante desafío, es el mecanismo más efectivo para resolver los profundos dilemas de nuestra sociedad. Este argumento se fundamenta en el análisis de un caso mundial, la realidad latinoamericana e históricos conflictos nacionales resueltos o en vías de resolución, junto con la revisión de diferentes paradigmas de la sustentabilidad. 

Al analizar la historia mundial reciente, uno de los conflictos globales más recordados del último tiempo fue el constante deterioro y adelgazamiento de la Capa de Ozono, capaz de protegernos de la radiación ultravioleta. El gran agujero que silenciosamente se estaba abriendo sobre nuestros hombros, amenazaba con cambiar considerablemente y de forma negativa nuestras condiciones actuales de vida.  

Este fenómeno, aunque ambiental, tenía graves consecuencias para nuestra sociedad en materia de salud y calidad de vida. También nos recuerda lo que afirmaba el Papa Francisco al señalar que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental” (Francisco, 2015, p. 108). De manera que siempre lo que afecte a nuestros ecosistemas, también lo hará a las personas por estar inaudiblemente interconectados. 

Cuando se analizan las acciones que se emprendieron para enfrentar este conflicto, se observa una coordinación internacional y la toma de importantes acuerdos que se materializaron en políticas y protocolos vinculantes, enfocados en regenerar la Capa de Ozono. Según datos de la Escuela de Estocolmo para el año 2023, uno de los tres procesos biofísicos que se mantienen dentro de los límites seguros para la humanidad, corresponde a la carga de aerosoles atmosféricos (Richardson et al., 2023). Los resultados entregados por este importante centro de investigación de la salud planetaria dan cuenta de los efectivos esfuerzos de la humanidad por regenerar nuestro hábitat.  

Lograr este resultado no fue trivial. Las instituciones en su conjunto comenzaron a diseñar e implementar acciones para combatir la crisis, en respuesta a la fuerte presión de las personas que comenzaban a manifestarse y demandar soluciones. Es en este punto, donde el entendimiento común como mecanismo para destrabar conflictos cobra sentido. Instituciones y diversos movimientos sociales comenzaron a dialogar en este desafío en el que todos tomaron parte, sincerando sus posturas y estableciendo puntos de encuentro para la elaboración de propuestas, demostrando que la participación de la población en la toma de decisiones es clave para la regeneración de nuestro mundo. 

Actualmente según Environmental Justice Atlas (2024), cerca del 30% de los conflictos socioambientales del mundo se desarrollaron o se están desarrollando en Latinoamérica. Es interesante analizar particularmente esta región, dado que en muchos casos las realidades se replican en cada país que la conforma. En América Latina, estos conflictos se desarrollan en el marco del modelo económico extractivista dominante de la región. Entre estos casos se destacan conflictos como el proyecto de instalación de mineras de cobre y oro en Perú, que amenazaba con deteriorar la calidad de vida de personas y territorios de una comunidad agrícola local; y el caso ecuatoriano ligado a la industria petrolera, que amenazaba con deteriorar comunidades y ecosistemas en territorios indígenas.  

En Chile también se observan considerables casos de este tipo de conflictos, uno de ellos es el caso del proyecto HidroAysén. La propuesta de desarrollo incluía instalar cinco grandes represas en la Patagonia Chilena, amenazando la calidad de vida de las comunidades locales. En este mismo sentido, el proyecto hidroeléctrico Alto Maipo es otro caso ilustrativo, la propuesta: canalizar las aguas de los ríos cordilleranos hacia instalaciones hidroeléctricas ubicadas cerca de Santiago. En estas dos iniciativas que nacen del sector privado, se observa la lógica de desarrollo subyacente: el crecimiento económico a costa del deterioro de diversos ecosistemas y de la calidad de vida de las personas.  

Al observar el desarrollo de estos casos latinoamericanos de conflictos socioambientales, notamos que la participación de la sociedad organizada es clave. En Perú, por ejemplo, una consulta pública fue impulsada desde una ONG. El resultado demostró el rechazo generalizado de la población local y obligó a las instituciones del estado a poner fin a los contratos con la minera. En Ecuador, por su parte, la población movilizada logró demostrar ante la justicia la ilegalidad frente al uso de territorios indígenas y detener el proyecto extractivista. En Chile, el recordado movimiento ciudadano “Patagonia sin represas” logró articular al mundo académico, a la sociedad civil organizada y la institucionalidad pública –que apoyaba este proyecto– para poner fin a la iniciativa.  

La evidencia revisada da cuenta de los desafíos que enfrentan las instituciones (de cualquier naturaleza) a nivel mundial para dar respuestas al contexto global y de la constante tensión ejercida por las personas que muchas veces no se sienten escuchadas. Desde luego, surge la interrogante de cómo debería ser entendida entonces la relación entre las instituciones y las comunidades a toda escala. Para Acemoglu y Robinson (2012), las instituciones económicas que estarán preparadas para estos tiempos son las que permiten y fomentan la participación de una gran parte de las personas, lo que, entre otras cosas, se traduce en garantías al acceso igualitario al mercado y la estimulación de la innovación, la inversión y la educación.  

Asimismo, el Objetivo de Desarrollo Sostenible dieciséis establece principios orientadores para las instituciones tales como la transparencia, la no violencia, la no discriminación, el combate al crimen organizado y la toma de decisiones receptiva, inclusiva, participativa y representativa (Organización de las Naciones Unidas, 2015). Estas características resultan esenciales y complementan lo expuesto anteriormente, entregando orientaciones para abordar los conflictos socioambientales del presente. 

De alguna manera se comienza a dibujar un nuevo escenario de cómo se organiza la vida, la sociedad demanda cada vez más participar de las decisiones que afectan su bienestar. En esta misma línea, un modelo interesante para analizar cuando hablamos de modelos de gobernanza participativa para la sustentabilidad, es la gobernanza de los bienes comunes, donde se establece que es posible para las comunidades lograr un bienestar ecosocial al hacer uso de los recursos compartidos,  sin la intervención directa de las instituciones, siempre y cuando existan condiciones básicas, ampliamente validadas y mecanismos para hacer control y seguimiento de los acuerdos establecidos en sociedad, aplicando las debidas sanciones a quienes actúen fuera de este marco (Ostrom, 2009). 

Esta pregunta de cómo se organiza la vida, también encuentra respuestas en la regeneración. Para Wahl (2016), no es suficiente sostener lo existente, sino que debemos trabajar en restaurar los sistemas vivos y sociales. Este paradigma invita a repensar la forma en la que concebimos el desarrollo humano. Para lograr este ejercicio es fundamental la constante colaboración y participación de las comunidades, territorios y personas con las instituciones del entorno. Nuevamente, el entendimiento colectivo se torna relevante como herramienta para enfrentar los desafíos actuales.  

En todas estas propuestas analizadas se observa un elemento clave: la participación de la sociedad que permite establecer diálogos para el acuerdo social. Como advierten Wheatley y Frieze (2006), alcanzar esta meta no es fácil: el mundo vive tensionado por dos fuerzas sistémicas que parecieran ser antagónicas, la decadencia y el cambio. La transición hacia una nueva era implica indudablemente establecer simultáneos procesos de consenso participativo, en el que respondamos a la pregunta de cómo entendemos que se debe organizar la vida y qué rol debe jugar cada persona. Implica también reconocer que el rumbo actual que ha decidido transitar la humanidad nos está llevando a un punto de no retorno

Evidencia clara sobre esto encontramos cuando analizamos el conflicto histórico chileno que ocurre en la Macrozona Sur, entre las regiones del Biobío y los Lagos, donde se encuentran en disputa territorios ancestrales del pueblo mapuche. Esta disputa va mucho más allá del uso de las tierras; guarda relación con las cosmovisiones que parecen no estar en sintonía. En la actualidad, los esfuerzos de las instituciones del estado, junto con las comunidades locales y algunas instituciones económicas, están dando frutos. La estrategia: el acuerdo social como mecanismo para la resolución de conflictos. Sin duda queda mucho por avanzar, pero el diálogo gestor-visionario está siendo el camino hacia el futuro deseado Sharpe (2013).  

Los antecedentes expuestos dan cuenta de un mundo en constante conflicto. En nuestra historia mundial reciente, uno de los hitos más recordados fue el deterioro y adelgazamiento de la Capa de Ozono, hecho que nos replanteó como sociedad las consecuencias del modelo de desarrollo imperante. En Latinoamérica estos conflictos tienen su raíz en el extractivismo. En todos los casos analizados, se encuentra un elemento clave en la fórmula de la solución, el acuerdo social, entendido como el proceso de encuentro en que instituciones y sociedad de forma colaborativa y participativa trabajan en la búsqueda de soluciones para el mejor vivir.  

El compromiso colectivo como mecanismo de participación en la gobernanza para nuestro mundo, se encuentra presente en modelos como el desarrollo sostenible, la gobernanza de los comunes y la regeneración. En ellos se observan principios fundamentales para construir consensos perdurables; la transparencia, colaboración, participación y el entendimiento diferente de la conexión entre lo eco y lo social. Todo ello respondiendo siempre a la pregunta de cómo esperamos que se desarrolle la vida para nuestra generación y para el florecimiento de las generaciones venideras.  

Lograr el consenso social no es un asunto trivial, requiere de un esfuerzo conjunto entre las instituciones y la sociedad. Transitar desde la decadencia al futuro deseado implica necesariamente abrir más y constantes espacios de encuentro, donde podamos reflexionar el cómo pensamos debería florecer la vida, transformando nuestros paradigmas para avanzar hacia un convivir en armonía con nuestro entorno. Solo de esta manera podremos hablar del acuerdo colectivo como un modelo de gobernanza participativa para la sustentabilidad.   

En síntesis, el acuerdo social ha demostrado ser un modelo efectivo para avanzar hacia la sustentabilidad, al facilitar la resolución de dilemas relevantes para la sociedad. Por ello, no resulta utópico pensar que este mismo mecanismo puede contribuir también a enfrentar otros desafíos estructurales que afectan a nuestro mundo en diferentes dimensiones. 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 

Acemoglu, D., & Robinson, J. A. (2012). Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza (1.ª ed.). Deusto. 

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2020). Conflictos socioambientales en América Latina y el Caribe: Diagnóstico y propuestas hacia una gobernanza ambiental democrática. Naciones Unidas. 

Environmental Justice Atlas. (2024). Casos de conflictos ambientales en América Latina. EJAtlas. https://ejatlas.org/ 

Francisco. (2015). Laudato si’: On care for our common home [Encíclica]. Catholic Church. Our Sunday Visitor. 

Leff, E. (2004). Racionalidad ambiental: La reapropiación social de la naturaleza. Siglo XXI Editores. 

Organización de las Naciones Unidas. (2015). Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. https://sdgs.un.org/es/documents/agenda-2030-para-el-desarrollo-sostenible 

Ostrom, E. (1990). Governing the commons: The evolution of institutions for collective action. Cambridge University Press. 

Richardson, K., Rockström, J., & colaboradores. (2023). Earth beyond six of nine planetary boundaries. Science Advances, 9, eadh2458. https://doi.org/10.1126/sciadv.adh2458 

Sharpe, B. (2013). Three horizons: The patterning of hope. Triarchy Press. 

Wahl, D. C. (2016). Designing regenerative cultures. Triarchy Press. 

Wheatley, M., & Frieze, D. (2006). Using emergence to take social innovations to scale. The Berkana Institute. https://berkana.org/archives/using-emergence-to-take-social-innovations-to-scale 

*Negritas seleccionadas por la editora.