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El litio y el desafío de su ciclo de vida: ¿energía limpia o contaminación disfrazada? 

estudiante Pascalle Fernández Núñez

2025

Ensayo

Escrito por: Pascalle Fernández Núñez
Profesor: Francisco Urquiza Gómez
Curso: CMD: Sustentabilidad – SUS1000 – Sección 3

En los últimos años hemos visto un crecimiento sustancial en el uso de litio a nivel mundial y nacional. A tal punto en que a veces sin darnos cuenta lo usamos en la vida cotidiana a través de los automóviles, baterías recargables y celulares. Personalmente, ya hace un tiempo tuve que cambiar la batería a mi celular y tuve la curiosidad: ¿se recicla igual que las pilas comunes? Resulta que no, y no es tan común su ciclo de vida tampoco. Frente a esta situación no pude evitar preguntarme: ¿estamos realmente avanzando hacia la sustentabilidad con esta nueva energía emergente que promete ser más limpia o estamos repitiendo el mismo error que con los combustibles fósiles? Pues, aunque el litio se presenta como una energía limpia, su extracción, uso y escaso desarrollo de su reciclaje lo convierten en una solución incompleta y contradictoria. Por eso, en este ensayo sostengo que el litio aún no se puede considerar completamente limpio y analizaré esta postura a partir de cuatro ejes: extracción, producción/uso, desecho/reciclaje y futuro tecnológico y político. 

El litio suele imaginarse como una puerta hacia el futuro, que nos liberaría de los combustibles fósiles, pero su extracción en salares depende de un bombeo intensivo de salmuera y agua dulce, lo que impacta a ecosistemas frágiles del norte de Chile. Según el Banco Mundial (2023), para obtener una tonelada de litio se pueden usar hasta 500.000 litros de agua, proceso que afecta directamente a humedales y fauna altoandina. 

Cuando múltiples actores buscan maximizar beneficios individuales sobre un recurso compartido, se produce lo que Hardin (1968) describe como la tragedia de los comunes. El salar es un recurso compartido; múltiples actores (empresas, el Estado y privados) buscan extraer lo máximo posible, aun cuando eso pueda deteriorar un ecosistema que también sostiene comunidades como las Lickanantay, (también llamados atacameños), pueblos indígenas de la zona del Altiplano chileno que mantienen una relación profunda con su territorio (Figueroa Sánchez, 2020). Estas comunidades valoran recursos naturales, pero también su significado cultural, espiritual y ecológico del lugar. Lo que se presenta como “progreso” puede convertirse en un satisfactor inhibitorio(Max-Neef, 1991), es decir, una forma de desarrollo que promete bienestar, pero termina limitándolo. Los diferentes actores se contraponen: las empresas operan desde “vivir de la naturaleza” (valor instrumental), mientras que las comunidades se sitúan en “vivir con la naturaleza”, pues el salar sostiene cultura, espiritualidad y relación ecológica. Como advierte Figueroa Sánchez (2020), investigador chileno que ha estudiado los impactos socioambientales de la extracción del litio, “la transición ecológica global ha intensificado desigualdades económicas entre los diferentes agentes”. 

Esto nos lleva a hablar de la producción. En ella, el litio se transforma en baterías que permiten energías renovables y automóviles eléctricos. Como señala Bárcena (2022), ex secretaria ejecutiva de la CEPAL y experta en desarrollo sostenible y políticas ambientales: “El litio no es automáticamente verde, depende de cómo se gestiona su extracción y su cadena de valor”. Desde una mirada ética, esta postura coincide con la ética de la Tierra planteada por Leopold (1949), según la cual una acción es correcta si protege la integridad, estabilidad y belleza de la biótica. 

El problema es que la demanda internacional empuja a extraer más, incluso sin certeza de la capacidad de recarga hidrogeológica del salar. El Norte de Chile vive los costos socioambientales, mientras los beneficios se concentran en países industrializados. Como sostiene Kammen (2025), investigador reconocido en energía y cambio climático, la transición energética no puede basarse en nuevos sacrificios territoriales si no se gestiona desde una perspectiva de justicia social. 

Es decir, el litio reduce emisiones globales, pero no es socialmente neutral. Puede producir en Chile, por ejemplo, desigualdad territorial indígena. Aquí toma relevancia la gobernanza de los comunes (Ostrom, 1990), que apuesta por reglas, monitoreo y límites acordados entre los actores involucrados para mejorar los recursos compartidos. 

Por otro lado, la etapa más crítica del litio es la que menos se discute: el reciclaje. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA, 2024), solo el 5% de las baterías de litio se reciclan a nivel mundial. Esto aumenta la presión por extraer más y más, sin cerrar el ciclo. No es solo un problema técnico; es un problema de gobernanza. Bajo este enfoque, en la gobernanza de los comunes (Ostrom 1990), sabemos que un recurso compartido funciona adecuadamente cuando existen reglas claras. Por eso, al analizar el caso chileno del litio desde la perspectiva del “impacto”, el litio se ubica entre convencional y lo sostenible, pero aún lejos de ser regenerativo, pues no restaura ecosistemas ni disminuye la extracción total. 

Chile vive un momento decisivo en el panorama actual del litio. Hace un tiempo, en los diarios se informó sobre la alianza entre Codelco y SQM. La influencia de Tianqi y el interés estratégico de potencias mundiales como EE.UU. y China están redefiniendo la gobernanza del recurso (Espacio Público, 2023). El gobierno ha prometido consulta indígena vinculante, estándares ambientales más altos y transición hacia tecnologías de extracción directa (DLE), que usarían menos agua, hasta un 40% en salares como Atacama. Sin embargo, su implementación e inversión inicial es elevada, con costos de operación altos, lo que limita su expansión a gran escala y muestra que la sostenibilidad ambiental debe equilibrarse con la viabilidad económica. 

Comunidades y expertos advierten que cambiar el operador no resuelve el problema si la lógica sigue siendo extractivista. Si el salar se sigue tratando como un “común disponible”, la tragedia de transgresión ambiental continuará. Instituciones especializadas señalan que la minería del litio necesita procesos mucho menos intensivos en agua para mantener la estabilidad del salar (ILRN, 2023) 

La ciencia avanza, y tecnologías como las baterías de sodio y nuevos químicos podrían reducir la dependencia del litio en los próximos años. Aun así, para el 2030 se estima que la demanda global podría multiplicarse por seis respecto a 2020 si se cumple con los objetivos de la transición energética. Chile debe planificar más allá de la extracción: debe diversificar, reciclar, innovar y aterrizar en un modelo que no dependa solo del mercado global. 

En conclusión, hoy el litio no es una energía completamente limpia. Puede llegar a hacerlo, pero solo si Chile aborda su ciclo completo: extracción, producción y uso, reciclaje, acompañado de gobernanza justa, participación real de comunidades locales y tecnologías que respeten los límites ecológicos del salar. Si esto no sucede, lamentablemente el litio seguirá siendo otra forma de contaminación disfrazada. Por esto, la pregunta correcta no es si necesitamos el litio hoy en día, sino cómo lo usamos sin repetir errores en la gestión del combustible fósil, que desde su descubrimiento solo se ha sobreexplotado sin considerar las consecuencias posteriores. 

Referencias Bibliográficas:

Agencia Internacional de Energía [IEA]. (2024). Global EV Outlook 2024. 

  • Banco Mundial. (2023). Minerals for Climate Action: The Mineral Intensity of the Clean Energy Transition. 
  • Bárcena, A. (2022). Transición energética y desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). 
  • Espacio Público. (2023). Litio en Chile: oportunidades y desafíos para una gobernanza sostenible. 
  • Figueroa Sánchez, J. A. (2020). Transición ecológica y extractivismo de litio en Chile. A&P Continuidad. 
  • GIZ & MinSus. (2020). Estudio de caso de la gobernanza del litio en Chile. 
  • Hardin, G. (1968). The tragedy of the commons. Science. 
  • Instituto de Litio y Recursos Naturales [ILRN]. (2023). Impactos ambientales de la minería del litio en salares altoandinos. Universidad de Antofagasta. 
  • Kammen, D. (2025). Comments on the social dimension of energy transition and climate action. The Institute for Climate and Sustainable Growth. 
  • Leopold, A. (1949). A Sand County Almanac. Oxford University Press. 
  • Max-Neef, M. (1991). Desarrollo a escala humana: Conceptos, aplicaciones y algunas reflexiones. Nordan-Comunidad. 
  • Ostrom, E. (1990). Governing the commons: The evolution of institutions for collective action. Cambridge University Press. 
  • Standard Lithium Ltd. (2022). Tecnología de extracción directa de litio (DLE) y sostenibilidad hídrica. Reporte técnico de innovación. 

Uso de IA: En este ensayo se ha utilizado inteligencia artificial para la transcripción del texto original escrito a mano, la revisión de puntuación y la correcta estructuración de las referencias bibliográficas bajo normas APA