2025
EnsayoEscrito por: Luis David Ikky Olivares García
Profesoras: María Cristina Ravanal, Vania Laysa Reyes Muñoz
Profesoras auxiliares: Berenice De Dios Sandoval, Javiera Natalie Garrido Vidal
Ayudantes: Sabrina Ríos y Emmanuel Norambuena
Curso: CMD: Sustentabilidad – SUS1000 – Sección 10
El debate sobre el desarrollo urbano sostenible se ha intensificado ante los desafíos del cambio climático y la creciente desigualdad social en las ciudades globales. Históricamente, la planificación urbana tradicional adoptó un modelo basado en la zonificación funcional y la maximización de la eficiencia económica, priorizando la infraestructura para el flujo vehicular y el trabajo remunerado.Este enfoque, sin embargo, ha generado ciudades segregadas, que consumen vastos recursos y tiempo. En este contexto, ha emergido con fuerza el urbanismo con perspectiva de género feminista, un enfoque crítico que busca redefinir la sustentabilidad al situar las necesidades de la vida cotidiana y el trabajo de cuidados en el centro del diseño espacial. Esta postura sostiene que la sostenibilidad no puede ser alcanzada sin la equidad social.
La controversia central radica en la jerarquía de prioridades y mecanismos para lograr la sustentabilidad urbana. ¿El modelo tradicional capitalista, centrado en la eficiencia tecnológica, ambiental y económica, es suficiente para crear ciudades sostenibles y resilientes a largo plazo, asumiendo la equidad social como un resultado secundario? O, por el contrario, ¿la integración de la perspectiva de género y la revalorización de la esfera reproductiva son un requisito indispensable para el desarrollo sustentable, actuando como el motor que corrige las ineficiencias funcionales y espaciales que subyacen a los problemas ambientales y sociales de la ciudad contemporánea? La integración de la perspectiva de género feminista en la intervención urbanística es fundamental, no solo para lograr la equidad social, sino como un requisito indispensable para un desarrollo urbano verdaderamente sostenible. Al revalorizar y centralizar las necesidades de la vida cotidiana y el trabajo de cuidados, históricamente invisibilizadas, resultan ciudades que son más funcionales, multifuncionales, eficientes en el uso de recursos y tiempo, y, en última instancia, más resilientes y justas para todos sus habitantes. Es por esto, que la perspectiva urbanística con enfoque de género debe ser incorporada en la planificación de las futuras ciudades, promoviendo un cambio en la mentalidad y labores cotidianas que nos aproxime a un futuro más consciente respecto al cuidado del medio ambiente, de nuestros pares y del futuro de nuestro planeta.
Para validar esta postura y superar la visión tecnocrática, este ensayo analiza tres mecanismos fundamentales extraídos de la crítica feminista a la planificación urbana tradicional, demostrando cómo este enfoque asegura un desarrollo más sustentable.
La crítica feminista al urbanismo tradicional, desarrollado en gran medida para satisfacer las necesidades de los hombres y la familia heteronormativa (Beebeejaun, 2017; Col·lectiu Punt 6, 2006), revela un sesgo androcéntrico que devalúa las tareas reproductivas y de cuidado (Sanz, 2013). Las mujeres continúan siendo las principales responsables de estas labores, que son cruciales para el desarrollo humano y el sostenimiento de la sociedad (Sanz, 2013). La intervención feminista introduce el análisis de la vida cotidiana como una fuente imprescindible de conocimiento para la planificación urbana, entendiendo las complejidades que implica para las mujeres ser trabajadoras, cuidadoras y tener actividades de ocio (Col·lectiu Punt 6, 2006). Al hacer visible este conocimiento, la planificación puede dejar de ser un proceso que ignora la esfera reproductiva, lo que históricamente ha beneficiado primordialmente el trabajo remunerado y el género masculino (Sanz, 2013). La sustentabilidad social se ve directamente beneficiada por la promoción de la corresponsabilidad (Col·lectiu Punt 6, 2006), que implica que las tareas de cuidado no sean responsabilidad exclusiva de las mujeres, sino que se compartan socialmente. La implementación de sistemas de cuidado urbanos que busquen reconocer, reducir y redistribuir la carga de cuidado (Galindo, 2019), como jardines infantiles comunitarios o el apoyo a la maternidad y crianza (Buchely et al., 2021), libera el tiempo de las mujeres. Esto les permite participar más plenamente en la vida económica y política, un requisito clave para la equidad.
El segundo mecanismo aborda la ineficiencia física de la ciudad actual. El urbanismo feminista cuestiona la zonificación funcional que separa las áreas residenciales, laborales y de servicios (Sanz, 2013; Villagrán, 2018). Esta segregación territorial genera movilidad compleja para las mujeres, quienes a menudo realizan desplazamientos encadenados y sinuosos para combinar el trabajo productivo con el reproductivo (cuidado, compras, acompañamiento). Estas ineficiencias contribuyen a la pobreza de tiempo (Buchely, 2021).
Una intervención con perspectiva de género promueve la necesidad de construir ciudades policéntricas y multifuncionales, con un tejido urbano más denso y variado (Sanz, 2013). Al fomentar la proximidad entre la vivienda, los equipamientos, los servicios y los lugares de trabajo (Col·lectiu Punt 6, 2006), se disminuye el tiempo de desplazamiento o commute (Buchely, 2021), se alivian las dobles o triples jornadas de trabajo (Villagrán, 2018), y se reduce la dependencia del vehículo privado (Sanz, 2013), lo cual es fundamental para la sustentabilidad ambiental.
Además, al priorizar los recorridos peatonales y el transporte público, que son los medios más utilizados por las mujeres (Beebeejaun, 2017), y garantizar que estos sean accesibles y seguros —con aceras amplias, buena iluminación y paradas seguras— (Col·lectiu Punt 6, 2006), se consigue una distribución de recursos y una circulación urbana más eficiente para una parte más amplia y diversa de la población.
La perspectiva feminista entiende la ciudad como un espacio socialmente construido y mediado por relaciones de poder patriarcales (Sanz, 2013), donde las experiencias de inseguridad y exclusión limitan el derecho de las mujeres a ejercer plenamente su ciudadanía (Beebeejaun, 2017). La persistencia de la violencia y el acoso callejero restringe su movilidad y uso del espacio público (Buchely, 2021; Villagrán, 2018), lo que se conoce como “violencia infraestructural lenta” (Truelove & Ruszczyk, 2022).
La intervención urbanística feminista consigue un desarrollo sustentable al hacer frente a esta inseguridad y exclusión mediante tres estrategias:
Frente a la evidencia presentada, un contrargumento frecuente plantea que la sostenibilidad urbana debe abordarse principalmente mediante soluciones tecnológicas y regulación ambiental estricta, como la implementación de infraestructura verde, vehículos eléctricos o la certificación de edificios de energía cero. Bajo esta visión, la perspectiva de género y la equidad social serían consideradas metas deseables, pero secundarias frente a la estrategia “física” o energética. Sin embargo, esta postura falla al asumir que la tecnología por sí sola puede corregir desequilibrios que son estructurales. La perspectiva de género demuestra que una ciudad que ignora la esfera reproductiva es inherentemente insostenible porque:
Por lo tanto, la perspectiva de género no es un “añadido social”, sino un mecanismo de eficiencia funcional que transforma los patrones de consumo de recursos y movilidad desde la base. Una ciudad no puede ser verdaderamente sostenible a largo plazo si es socialmente injusta.
Este ensayo ha defendido la tesis de que la intervención urbanística con perspectiva de género feminista es un requisito indispensable para el desarrollo urbano sostenible, trascendiendo la mera dimensión de la equidad social, que nos permiten reflexionar en la necesidad de la inclusión de los cuerpos y géneros diversos en el desarrollo de las ciudades, con herramientas de diagnóstico, visualización de las labores colaborativas y eficientes, donde se normalice que el cuidar es una tarea humana y no una responsabilidad de carga al género. La argumentación se ha centrado en tres mecanismos fundamentales extraídos de la crítica a la planificación androcéntrica: la revalorización de la esfera reproductiva y el trabajo de cuidados (Sanz, 2013; Col·lectiu Punt 6, 2006); la consecuente eficiencia espacial y optimización de la movilidad mediante la proximidad (Villagrán, 2018; Buchely, 2021); y la consolidación de la seguridad e inclusión como pilares de la ciudadanía plena (Beebeejaun, 2017).
Hemos refutado la noción de que la sostenibilidad es un asunto puramente tecnológico. Al contrario, la perspectiva de género aborda una ineficiencia sistémica que, al corregir la segregación espacial que fuerza el uso de recursos y tiempo —la “violencia infraestructural lenta” de Truelove & Ruszczyk (2022)—, genera una ciudad más funcional, eficiente y resiliente en su base social.
La planificación urbana tradicional no fue un error neutral, sino un reflejo espacial de la opresión del capitalismo y el patriarcado. La segregación de usos y la priorización del vehículo privado son la materialización de un sistema que valoriza únicamente la producción económica y el homo economicus, invisibilizando el trabajo no remunerado que sostiene esa producción. Adoptar el urbanismo feminista implica, por ende, un acto de resistencia y revalorización. Es un paso directo hacia el ecofeminismo, pues establece una conexión fundamental entre la dominación de las mujeres y la dominación de la naturaleza (Beebeejaun, 2017). Un urbanismo para la vida, que sitúa el cuidado en el centro, es intrínsecamente un urbanismo de la contención, la proximidad y el uso eficiente.
Beebeejaun, Y. (2017). Gender, urban space, and the right to everyday life. Journal of Urban Affairs, 39(3), 323-334. https://doi.org/10.1080/07352166.2016.1255526
Buchely, L. F., Castro, M. V., Arias-Arevalo, S. y Pinzon, M. R. (2021). La movilidad urbana de las mujeres en dos ciudades colombianas: entre el trabajo de cuidado y la violencia sexual. Revista INVI, 36(102), 109-126. https://doi.org/10.4067/S0718-83582021000200109
Col·lectiu Punt 6. (2006). Guía de reconocimiento urbano con perspectiva de género.
Galindo Vilchis, M. L. (2019). Cuidar: Una aproximación desde la epistemología del sur.
Sanz, P. P. (s.f.). Reformulando la noción de “Derecho a la Ciudad” desde una perspectiva feminista. Encrucijadas: Revista Crítica de Ciencias Sociales. https://www.encrucijadas.org
Soto Villagrán, P. (2018). Towards the construction of a gender geography of the city. Plural forms of inhabiting and meaning urban spaces in Latin America. Revista Perspectiva Geográfica, 23(2), 13-31. https://doi.org/10.19053/01233769.7382
Truelove, Y., & Ruszczyk, H. A. (2022). Bodies as urban infrastructure: Gender, intimate infrastructures and slow infrastructural violence. Political Geography, 92. https://doi.org/10.1016/j.polgeo.2021.102492